El asado fue espectacular, así que Hugo recibió muchos aplausos. Ni bien terminaron de comer, Sole, Clarita y Martina habían retirado todos los platos y comenzado a acomodar. Ger les dio una mano, no podía evitar estar rodeado por mujeres, las chicas lo amaban.
-Este es re putazo loco.-Dijo el Ruso.
-No es puto, es un mamero de mierda, nada mas.-Lo defendió Juan.
-Pero podria andar con una pendeja o algo así che.-Renegó otra vez el Ruso.
-Si anda, culiao.-Dijo Francisco.-Es que nunca ha salido de la secundaria éste gil, vive pendejeando nomás.-Le sacó un hielo a su fernet y lo tiró en un plato que estaba cerca.-Si no se va al boliche esta noche es porque esta en pedo para manejar.
-Tendría que sentar cabeza ya.-El Ruso estaba en plan de persona madura.
-Dejalo que haga su vida pelotudo, después uno se muere y no ha disfrutado nada.-Pablo se recostó en la silla.-Mirálo a mi cuñado.
El silencio se hizo presente entre los cuatro que estaban sentados a la mesa.
-¿Cómo estás por el tema ese?-Le preguntó a Pablo Fran.
-Con los huevos por el piso, por eso estoy acá.-Se llevó una mano a la cabeza.
-¿Y la Andre?-Volvió a preguntarle.
-El padre no me deja que la vea, ella me dice que no quiere hablar conmigo, así que se vayan al pingo todos.
-¿En serio no te deja hablar con ella?-Insistió Peña.
-Si boludo, y ella tampoco quiere hablar conmigo porque dice que ni el cajón he ayudado a llevar.-Se puso rojo de la bronca y pegó otro trago de fernet.-Como si yo no hubiera salido cagando a las tres de la mañana a verlo al hijo de puta del hermano.
-¿Vos lo has visto?
-Si Ruso, te juro que he ido, preguntále al Gordo.
-Si, ha ido y ha vomitado como nena.-En situaciones así no había otra que bromear para distender la cosa.
-Calláte culiao, no sabes.-Pablo se paró, su humor cambió.-Llego yo después de los canas, estaban ahí todos metidos en la camioneta que se veía a gatas. “Yo ni en pedo me meto” digo, entonces me quedo atrás, y justo lo veo caminando al pajero este así como camina.-Imitó la barriga de Juan, su postura medio encorvada y las manos en los bolsillos.-Y yo le digo “Gordo, acá”, y recién se aviva.
-Culiao estaba hecho mierda, eran las tres de la mañana, tenía que laburar al otro día y vos me hablabas por el gil de Horacito.
-Calláte culiao.-El Ruso le pegó a Juan.-Seguí.
-Bueno, me ve, y se me acerca “Que hace`” me dice, así como si nada el culiao.-La pequeña audiencia de Pablo rió.-No se que mierda le habré dicho, porque estaba cagado de espanto.
-“Nada”, me has contestado.
-Obvio que te voy a contestar algo así nomás, ¿querés que te haya invitado a tomar un café?-Otra vez las risas.-Pero al toque me dice “Vamos a ver que onda”. Bueno pienso, “los canas ya lo habrán sacado, o algo”, y el culiao este pecha como Juan por su casa, y nos acercamos a la chata.
-Había una baranda increíble.-Agregó Juan y fue callado al toque.
-Eso.-Dijo Pablo.-Era insoportable el olor, entonces yo me quedo mas atrás, y lo veo al culiado este que se para al lado de la camioneta y se pone a sacar fotos.-Hizo una pausa y alzó las manos.-¡Así como si nada!
-No sabes lo que son las fotos.-Intervino Fran.
-Pero escucháme hermano, cómo mierda haces para acercarte a un muerto todo podrido así nomás.-Pablo se volvió a sentar todavía rojo por su actuación.
-No habrá dormido un pingo todavía.-Dijo el Ruso.
-Que mierda no voy a dormir, he vuelto a mi casa y he dormido como tronco.
-No te creo.-Le dijo Pablo.
-Boludo, yo no puedo dormir todavía y ni lo he visto.
-Preguntále a la Sole, si no me crees ura, me he hartado de ver fiambres.
-Vos estás mal ura.-Le dijo Fran.
-¿Por qué boludo? Es mi laburo, vos sos un cagón que tiene miedo que Horacito se le aparezca, y le tire de las patas.-Peña dio vuelta la cabeza mirando a la cocina.-¿O no Clari?
-¿Qué?-Contestó Clarita.
-Vos decí que si.-Le dijo Peña.
-Si, no se le para.
-Ves, encima de cagón pija fofa.
Se rieron otra vez, como lo hicieron muchas veces durante toda la noche, toda reunión de los amigos de Juan era para ponerse en pedo, hablar cagadas y acostarse ya con el sol en alto.
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29/8/12
Galerías
Se levantó pasado el medio día con un poco de resaca. Si no fuera porque los de la recepción habían llamado a su cuarto informándole que le habían dejado un sobre no se despertaba más. Sabía que dentro del sobre estaban las llaves de Arturo, entonces se puso en pie, se lavó la cara y los dientes. Suspiró cuando se sentó en el inodoro por ver en el espejo las ojeras enormes que tenia. Miró el reloj y pensó en comer, pero tenia ganas de llegar al local lo antes posible, así que solo retiró el sobre en recepción y en el primer kiosco que cruzó compró una barrita de cereal y una botella de Ser y las comió en el camino, envuelta en el calor aplastante y el sol que quemaba como una braza. Por las ojeras no se sacó sus Jackie-Ohh, pero sintió un enorme alivio al entrar a la galería por la entrada de la Mendoza. Los negocios estaban aun abiertos, pero con poca gente, poca en comparación de la cantidad de personas que caminaban por los pasillos, claro, cortaban por las galerías para por lo menos tener unos cuantos metros sin sol y calor. La galería se había modernizado un poco, era algo lógico, no se podía seguir como en los primeros noventas, que fue el tiempo en que Ana entró por última vez, pero recorrió con paso seguro el camino hacia el local escondido en la panza de la manzana cortada por pasillos y locales.
-Por lo menos está limpio.-Dijo cuando vio el local con las luces apagadas.
La vidriera estaba aceptable, se veían unas luces dicroicas, exhibidores modernos, sobrios y vacíos, de Rolex, Tag, Omega.
-Todo en la caja fuerte.
Hurgó en su cartera y sacó el manojo de llaves que fueron de su viejo, como una docena juntadas por un llavero tipo moneda, plateado y gastado que tenia un dibujo de las Islas Malvinas y alguna frase. Sacó el candado, abrió la puertita de la persiana y despues la puerta de madera con un buen blindex. La alarma soltó un pitido y una luz que le indicó donde estaba el tablero, se acercó e introdujo su fecha de cumpleaños.
-¡Sabia!-Festejó cuando la alarma se desactivó.
Prendió las luces y sus sentidos se aclimataron al salón de ventas: el mismo mostrador marrón, los mismos terciopelos en el mismo lugar, el sillón de cuero marrón a un costado, la calculadora Olivetti casi tan amarilla como la recordaba y el olor a jazmines que nunca se iba del negocio en verano. Lo primero que hizo fue cerrar por dentro la persiana y despues la puerta, ahora se sentía segura, sin miedo, Ana era una mina practica, no creía en fantasmas y la nostalgia no la noqueaba porque el lugar, así como su viejo, parecían de otra vida, parecían algo así como un viejo cliente, alguien con quien compartió, vivió, se cruzó su vida, pero no mucho mas. Miró a su alrededor y vio el equipo de música, lo prendió y comenzó a cantar Edith Piaf bastante distorsionada.
-A quién mas que a Edith.
No se sorprendió tampoco, su viejo era como un buen reloj, andaba y no dejaba de andar, aunque lo golpees, mojes o le acerques un imán, las agujas seguían marcando las horas, minutos y segundos, los engranes corriendo, el ancora en su lugar, la rueda de la corona estable y la espiral bien enrollada, así era la vida de Arturo una maquina de rutinas, pulcritud y silencio.
-Por algo eras milico viejito.
Abrió la puerta de atrás, la que daba al taller, prendió los floresentes y se dio con la limpieza y orden que sabia que encontraría. Tocó el banco de trabajo bastante gastado, miró las cajas donde se guardaban herramientas del año del pedo y que quizá en el país solo Arturo y un par de tipos más sabrían usar o tal vez solo nombrar.
-¿Qué carajo hago con todo esto?
Desacomodó la lupa de escritorio y cuando giró vio la caja fuerte, parada, verde y sobria. Descolgó el cuadro con un collage de fotos viejas y atrás encontró el papel con la combinación de la caja.
-Mañas del abuelo.
Giró la perilla poniendo los números y cuando terminó dio media vuelta a la manija, sacó un par de decenas de relojes y los fue acomodando en el banco. Se pasó varias horas mirando los relojes, limpiándolos, tratando de encontrar el lugar a las herramientas. A la hora de la merienda habló al numero que indicaba el cartelito del teléfono como “BAR” y pidió un jugo de naranjas y un tostado. Mientras finiquitaba la comida separó un Omega de acero para su esposo, se llevó un Cartier para ella y le sacó un Longines con la malla de cuero para Peña. Juan le caía bien, había llegado a la conclusión de que era un pendejo adorable, de los que se encuentran poco…un huérfano. Solitario, loco, excéntrico, pero querible.
-A veces el instinto sale de la nada.- Pensó cuando buscaba alguna caja para los relojes.- Soy como ese chiste de Mafalda con el cochecito.
También le espió un poco la notebook que estaba en el taller de la parte de atrás del local. El Windows inició normalmente, sin ninguna contraseña. Arturo tenia de wallpaper una foto de él con otros milicos en Soledad. Ana esperaba encontrar algo raro, pero no había nada extraño, en su casilla de mail había solo un par de notificaciones por la finalización de la publicación de algunos artículos “en la mira” en su cuenta de Mercado Libre, resúmenes de su American Express y dos o tres mails de algunos amigos, que habrían sido cartas de vivir en otra década. Se frustró un poco al no encontrar ningún mail encriptado, alguna pagina porno gay o algo del Mosad, por lo menos de la SIDE, pero no: Swatch Group, American Express, Mercado Libre, planes de salud nuevos de la IOSE, Gral. Alfredo Romero Viña, un par de New Setlers de Rolex, Timex, Casio. Nada más.
-Pobre Juan, va a perder tiempo cuando vea la computadora aburrida esta.
La galería agonizaba a medias luces y conserjes con escobillones. Ana tuvo la sensación de haber vuelto en el tiempo ahí dentro, todo era viejo, solo estaban abiertas las joyerías y un par de negocios que vendían ropa formal para hombres, negocios que son anacrónicos, son como piedras, a simple vista un traje es el mismo hoy que en los ochenta y las joyerías manejadas por vejetes seguramente que vendían cosas tan viejas como ellos, tan viejas como Edith, tan viejas como los relojes que tenia en su cartera.
-Por lo menos está limpio.-Dijo cuando vio el local con las luces apagadas.
La vidriera estaba aceptable, se veían unas luces dicroicas, exhibidores modernos, sobrios y vacíos, de Rolex, Tag, Omega.
-Todo en la caja fuerte.
Hurgó en su cartera y sacó el manojo de llaves que fueron de su viejo, como una docena juntadas por un llavero tipo moneda, plateado y gastado que tenia un dibujo de las Islas Malvinas y alguna frase. Sacó el candado, abrió la puertita de la persiana y despues la puerta de madera con un buen blindex. La alarma soltó un pitido y una luz que le indicó donde estaba el tablero, se acercó e introdujo su fecha de cumpleaños.
-¡Sabia!-Festejó cuando la alarma se desactivó.
Prendió las luces y sus sentidos se aclimataron al salón de ventas: el mismo mostrador marrón, los mismos terciopelos en el mismo lugar, el sillón de cuero marrón a un costado, la calculadora Olivetti casi tan amarilla como la recordaba y el olor a jazmines que nunca se iba del negocio en verano. Lo primero que hizo fue cerrar por dentro la persiana y despues la puerta, ahora se sentía segura, sin miedo, Ana era una mina practica, no creía en fantasmas y la nostalgia no la noqueaba porque el lugar, así como su viejo, parecían de otra vida, parecían algo así como un viejo cliente, alguien con quien compartió, vivió, se cruzó su vida, pero no mucho mas. Miró a su alrededor y vio el equipo de música, lo prendió y comenzó a cantar Edith Piaf bastante distorsionada.
-A quién mas que a Edith.
No se sorprendió tampoco, su viejo era como un buen reloj, andaba y no dejaba de andar, aunque lo golpees, mojes o le acerques un imán, las agujas seguían marcando las horas, minutos y segundos, los engranes corriendo, el ancora en su lugar, la rueda de la corona estable y la espiral bien enrollada, así era la vida de Arturo una maquina de rutinas, pulcritud y silencio.
-Por algo eras milico viejito.
Abrió la puerta de atrás, la que daba al taller, prendió los floresentes y se dio con la limpieza y orden que sabia que encontraría. Tocó el banco de trabajo bastante gastado, miró las cajas donde se guardaban herramientas del año del pedo y que quizá en el país solo Arturo y un par de tipos más sabrían usar o tal vez solo nombrar.
-¿Qué carajo hago con todo esto?
Desacomodó la lupa de escritorio y cuando giró vio la caja fuerte, parada, verde y sobria. Descolgó el cuadro con un collage de fotos viejas y atrás encontró el papel con la combinación de la caja.
-Mañas del abuelo.
Giró la perilla poniendo los números y cuando terminó dio media vuelta a la manija, sacó un par de decenas de relojes y los fue acomodando en el banco. Se pasó varias horas mirando los relojes, limpiándolos, tratando de encontrar el lugar a las herramientas. A la hora de la merienda habló al numero que indicaba el cartelito del teléfono como “BAR” y pidió un jugo de naranjas y un tostado. Mientras finiquitaba la comida separó un Omega de acero para su esposo, se llevó un Cartier para ella y le sacó un Longines con la malla de cuero para Peña. Juan le caía bien, había llegado a la conclusión de que era un pendejo adorable, de los que se encuentran poco…un huérfano. Solitario, loco, excéntrico, pero querible.
-A veces el instinto sale de la nada.- Pensó cuando buscaba alguna caja para los relojes.- Soy como ese chiste de Mafalda con el cochecito.
También le espió un poco la notebook que estaba en el taller de la parte de atrás del local. El Windows inició normalmente, sin ninguna contraseña. Arturo tenia de wallpaper una foto de él con otros milicos en Soledad. Ana esperaba encontrar algo raro, pero no había nada extraño, en su casilla de mail había solo un par de notificaciones por la finalización de la publicación de algunos artículos “en la mira” en su cuenta de Mercado Libre, resúmenes de su American Express y dos o tres mails de algunos amigos, que habrían sido cartas de vivir en otra década. Se frustró un poco al no encontrar ningún mail encriptado, alguna pagina porno gay o algo del Mosad, por lo menos de la SIDE, pero no: Swatch Group, American Express, Mercado Libre, planes de salud nuevos de la IOSE, Gral. Alfredo Romero Viña, un par de New Setlers de Rolex, Timex, Casio. Nada más.
-Pobre Juan, va a perder tiempo cuando vea la computadora aburrida esta.
La galería agonizaba a medias luces y conserjes con escobillones. Ana tuvo la sensación de haber vuelto en el tiempo ahí dentro, todo era viejo, solo estaban abiertas las joyerías y un par de negocios que vendían ropa formal para hombres, negocios que son anacrónicos, son como piedras, a simple vista un traje es el mismo hoy que en los ochenta y las joyerías manejadas por vejetes seguramente que vendían cosas tan viejas como ellos, tan viejas como Edith, tan viejas como los relojes que tenia en su cartera.
8/8/12
Intro 2
Vamos a torturar a Soledad aplicándole las 10 reglas de Borges y si queda bien joya, y si no también.cambiamos direcciones, nombres y cosas porque soy un tipo misterioso jajajaajajaj ahh no quiero cojer encima de un lavaropa, no me da la altura y soy muy comodo ;) jajajaja no se para q escribo tanto si nadie lo lee, en fin :) noche de boludez adolescente
El 102 bajaba como una oruga por la Mate de Luna, lleno hasta menos de la mitad, el día comenzaba temprano, las nubes de lluvia de la noche anterior se le escapaban al sol que encandilaría al chofer en media hora. A Pedro no le importaba nada, ni estar medio en pedo un miércoles, ni le daba vergüenza estar entre laburantes que lo miraban medio mal, lo unico que quería era bajarse en la Crisóstomo y Chacabuco, como le indicó el mensaje Blackberry que acababa de entrarle en su 8520. Se la había comido media Salta y comenzaba a hacer historia en Tucumán, pero al flaco no le importaba, ¿a quien le importa algo un miércoles a las cinco y pico de la mañana sentado en un bondi y con un polvo asegurado? Le metía duro los pulgares al qwerty, Marita ya había pasado por sus manos (y por las de varios amigos), pero te dejaba con la leche en los ojos eso de que las chetitas de Tucumán bailen entre ellas toda la joda y no te dejen acercar a mas de dos metros de ellas y ya en pedo se peguen unos picos, y se apoyen, y transpiren…Menos mal que la mina ya había terminado de rendir, o quizá le dijo eso para hacerse la importante o para evitar que él, y todo el mundo confirmase que no estudiaba un carajo y que le gustaba mas la poronga que el dulce de leche. “Estoy en lo de una amiga. Buscáme.”. Se cagó en no tener la chata en Tucumán, eso de tardarse mas tiempo en el bondi era un dolor de huevos, pero agradeció al cielo de que su primo le habia dejado la cancha libre y por supuesto de que Marita estaba libre y dispuesta, aunque ella siempre le hacia un lugarcito a Pedro, aunque estuviera ocupada e indispuesta. De fierro y linda, pero impresentable los domingos en la finca de la abuela, aunque ella no buscaba eso, era libre, una mina que actuaba como vago, fumaba, tomaba y garchaba.
Se avivó cuando el timbre sonó y una señora se bajaba.
-Esta es.-Dijo en voz baja y se apuró en pararse para no perder la parada.
Ahí estaba Marita, sentada en el escalon del drugstore pintado de naranja chillón, justo al lado de la parada, fumándose un pucho, con las piernas cruzadas a la altura de los tobillos, con unas Havaianas con plataforma, unas tetas hermosas y una flor roja de tela, en el pelo casi platinado.
-Al fin.-Le estiró la mano pidiéndole ayuda para pararse, y Pedro le vio la bombacha celeste entre las piernas.
-¿Vamos?
Le sacó un cigarro y caminaron por la Chacabuco, esquivando a casi nadie, nadie anda un miércoles a casi las seis de la mañana por el centro.
-¿Querés desayunar?-Le preguntó cuando pasaron por El Mundo, mas por el olor de las medialunas haciéndose que por caballerosidad.
-No, está bien.
-¿Vas a comer chorizo no más?
Marita se rió, y lo empujó, y caminaron sin decirse nada mas la cuadra que les faltaba para llegar al edificio donde vivía él.
Pedro abrió la puerta de madera del ascensor y ella corrió la de bronce y apretó el 4.
-¿Cuarto era verdad?
No le respondieron porque Pedro se le abalanzó y le metió la mano por debajo de la pollera y le comió la boca. Sintió el sabor de los cigarros que se fumó toda la noche mezclarse con su aliento a fernet y el acuyijo de coca, y también sintió la bombachita celeste que casi no era barrera para esa concha carnosa.
-Sacáte la coca Riesstri.-Le dijo ella cuando corrió las puertas del ascensor y rumbeó entre la oscuridad y las manos de Pedro hacia la puerta que tenia la A.
El depto era un kilombo, todo tenía una buena cantidad de polvo, menos por supuesto, el plasma reluciente y la Play 2 con Kinetck.
-¿Es un consolador esto?-Alzó el control con la bolita roja.
-No, es el jostick de la Play.-Contestó despues de dejar el acuyijo en un vaso y hacer gárgaras con Coca cola.-Ahora vas a jugar con el mío.
-Nos lavemos los dientes.-Dijo acercándosele y dejando que la pollera cayera hasta el parquet sin lustrar.
Rumbearon al final del pasillo totalmente oscuro y en el baño de azulejos verde pálido usaron el mismo cepillo de dientes para sacarse los sabores de la noche.
-Ah, te tengo que enseñar una cosita muy buena.-Ella escupió la espuma.-Anda y prendé el lavarropas, yo ya nomás voy.
Pedro llegó corriendo al lavadero al lado de la cocina, se sacó la bombacha de campo manchada con fernet y tierra, se dio cuenta que tenia el celular y la billetera, así que los buscó en los bolsillos y los dejó arriba del lavarropas, despues se despachó de los boxers y la camisa a cuadros y los metió todos juntos con dos puñados de jabón y cerró la tapa.
-¡Dale cajeta, comenzá a andar pué!-Gritó mientras el agua llenaba al tambor.
-Que lindo culito, como lo extrañaba.
Se dio vuelta y la encontró sin la remerita, solo con su conjunto celeste.
-Santo dios.-dijo despacito y la pija se le paró.
-Ayudáme a subir.-Se le acercó y el lavarropas comenzó a andar.-Dale.
Pedro la levantó de la cintura y ya sentada arriba lo abrazó con esos dos cachos de gambas y lo besó.
-Te da la altura, coréela y metémela.
Manoteó el lavarropa buscando la billetera donde tenía un forro.
-A la Marita se la clava con capucha.-Pensó, pero de pronto sintió como un portazo y Marita se estremeció en sus manos.
-¿Qué ha sido eso?
-No se, dale.-La apuró con la bolsita del forro en la mano.
-No boludo, eso es un tiro.
-¿Qué? Dejate de joder.
-En serio, eso es un tiro, hablá a emergencias.
Se bajó del lavarropas y de la nada ya tenia el Blackberry en las manos y el 08 llamando.
-¡Tomá, habla!
A Pedro no le quedó otra.
-Si mire, lo hablo de la 24 y Junín, he escuchado algo como tiro en el departamento del lado, no se si pueden venir a ver.-Dejó de hablar un segundo.-Es el edificio que está justo en la esquina, arriba del bar, cuarto piso departamento B.-Otra vez se cayó.-No, no se como se llama el dueño, es un viejo que vive solo.-Movía la cabeza con el celular en la oreja y la pija ya dormida.-Muy bien, gracias.-Ya está.
-Eso era un tiro boludo.
Marita estaba asustada y Pedro desnudo con el celular en la mano y la pija mirando al piso.
El 102 bajaba como una oruga por la Mate de Luna, lleno hasta menos de la mitad, el día comenzaba temprano, las nubes de lluvia de la noche anterior se le escapaban al sol que encandilaría al chofer en media hora. A Pedro no le importaba nada, ni estar medio en pedo un miércoles, ni le daba vergüenza estar entre laburantes que lo miraban medio mal, lo unico que quería era bajarse en la Crisóstomo y Chacabuco, como le indicó el mensaje Blackberry que acababa de entrarle en su 8520. Se la había comido media Salta y comenzaba a hacer historia en Tucumán, pero al flaco no le importaba, ¿a quien le importa algo un miércoles a las cinco y pico de la mañana sentado en un bondi y con un polvo asegurado? Le metía duro los pulgares al qwerty, Marita ya había pasado por sus manos (y por las de varios amigos), pero te dejaba con la leche en los ojos eso de que las chetitas de Tucumán bailen entre ellas toda la joda y no te dejen acercar a mas de dos metros de ellas y ya en pedo se peguen unos picos, y se apoyen, y transpiren…Menos mal que la mina ya había terminado de rendir, o quizá le dijo eso para hacerse la importante o para evitar que él, y todo el mundo confirmase que no estudiaba un carajo y que le gustaba mas la poronga que el dulce de leche. “Estoy en lo de una amiga. Buscáme.”. Se cagó en no tener la chata en Tucumán, eso de tardarse mas tiempo en el bondi era un dolor de huevos, pero agradeció al cielo de que su primo le habia dejado la cancha libre y por supuesto de que Marita estaba libre y dispuesta, aunque ella siempre le hacia un lugarcito a Pedro, aunque estuviera ocupada e indispuesta. De fierro y linda, pero impresentable los domingos en la finca de la abuela, aunque ella no buscaba eso, era libre, una mina que actuaba como vago, fumaba, tomaba y garchaba.
Se avivó cuando el timbre sonó y una señora se bajaba.
-Esta es.-Dijo en voz baja y se apuró en pararse para no perder la parada.
Ahí estaba Marita, sentada en el escalon del drugstore pintado de naranja chillón, justo al lado de la parada, fumándose un pucho, con las piernas cruzadas a la altura de los tobillos, con unas Havaianas con plataforma, unas tetas hermosas y una flor roja de tela, en el pelo casi platinado.
-Al fin.-Le estiró la mano pidiéndole ayuda para pararse, y Pedro le vio la bombacha celeste entre las piernas.
-¿Vamos?
Le sacó un cigarro y caminaron por la Chacabuco, esquivando a casi nadie, nadie anda un miércoles a casi las seis de la mañana por el centro.
-¿Querés desayunar?-Le preguntó cuando pasaron por El Mundo, mas por el olor de las medialunas haciéndose que por caballerosidad.
-No, está bien.
-¿Vas a comer chorizo no más?
Marita se rió, y lo empujó, y caminaron sin decirse nada mas la cuadra que les faltaba para llegar al edificio donde vivía él.
Pedro abrió la puerta de madera del ascensor y ella corrió la de bronce y apretó el 4.
-¿Cuarto era verdad?
No le respondieron porque Pedro se le abalanzó y le metió la mano por debajo de la pollera y le comió la boca. Sintió el sabor de los cigarros que se fumó toda la noche mezclarse con su aliento a fernet y el acuyijo de coca, y también sintió la bombachita celeste que casi no era barrera para esa concha carnosa.
-Sacáte la coca Riesstri.-Le dijo ella cuando corrió las puertas del ascensor y rumbeó entre la oscuridad y las manos de Pedro hacia la puerta que tenia la A.
El depto era un kilombo, todo tenía una buena cantidad de polvo, menos por supuesto, el plasma reluciente y la Play 2 con Kinetck.
-¿Es un consolador esto?-Alzó el control con la bolita roja.
-No, es el jostick de la Play.-Contestó despues de dejar el acuyijo en un vaso y hacer gárgaras con Coca cola.-Ahora vas a jugar con el mío.
-Nos lavemos los dientes.-Dijo acercándosele y dejando que la pollera cayera hasta el parquet sin lustrar.
Rumbearon al final del pasillo totalmente oscuro y en el baño de azulejos verde pálido usaron el mismo cepillo de dientes para sacarse los sabores de la noche.
-Ah, te tengo que enseñar una cosita muy buena.-Ella escupió la espuma.-Anda y prendé el lavarropas, yo ya nomás voy.
Pedro llegó corriendo al lavadero al lado de la cocina, se sacó la bombacha de campo manchada con fernet y tierra, se dio cuenta que tenia el celular y la billetera, así que los buscó en los bolsillos y los dejó arriba del lavarropas, despues se despachó de los boxers y la camisa a cuadros y los metió todos juntos con dos puñados de jabón y cerró la tapa.
-¡Dale cajeta, comenzá a andar pué!-Gritó mientras el agua llenaba al tambor.
-Que lindo culito, como lo extrañaba.
Se dio vuelta y la encontró sin la remerita, solo con su conjunto celeste.
-Santo dios.-dijo despacito y la pija se le paró.
-Ayudáme a subir.-Se le acercó y el lavarropas comenzó a andar.-Dale.
Pedro la levantó de la cintura y ya sentada arriba lo abrazó con esos dos cachos de gambas y lo besó.
-Te da la altura, coréela y metémela.
Manoteó el lavarropa buscando la billetera donde tenía un forro.
-A la Marita se la clava con capucha.-Pensó, pero de pronto sintió como un portazo y Marita se estremeció en sus manos.
-¿Qué ha sido eso?
-No se, dale.-La apuró con la bolsita del forro en la mano.
-No boludo, eso es un tiro.
-¿Qué? Dejate de joder.
-En serio, eso es un tiro, hablá a emergencias.
Se bajó del lavarropas y de la nada ya tenia el Blackberry en las manos y el 08 llamando.
-¡Tomá, habla!
A Pedro no le quedó otra.
-Si mire, lo hablo de la 24 y Junín, he escuchado algo como tiro en el departamento del lado, no se si pueden venir a ver.-Dejó de hablar un segundo.-Es el edificio que está justo en la esquina, arriba del bar, cuarto piso departamento B.-Otra vez se cayó.-No, no se como se llama el dueño, es un viejo que vive solo.-Movía la cabeza con el celular en la oreja y la pija ya dormida.-Muy bien, gracias.-Ya está.
-Eso era un tiro boludo.
Marita estaba asustada y Pedro desnudo con el celular en la mano y la pija mirando al piso.
5/5/12
Ojalá la pagués.
Empujó algo de gente y pidió disculpas, su cuerpo no era el indicado para andar en embotellamientos humanos. Entró al salón donde estaba el cajón con paso decidido pero con el rostro pálido, tenia miedo, pero no podía seguir con ese terror a los ataúdes. Se acercó despacio, detrás de una vieja que tocó el cuerpo y se persignó. Sintió como las piernas se aflojaban un poco, pero tenia que mirarlo, así que hizo tripa corazón y levantó la mirada. Ahí estaba Ginno, de traje negro, corbata roja y con una camiseta de Boca hecha un bollo sobre un costado. Tenia la cara mas angulosa de lo que recordaba, estaba chupado y con un color pálido casi verdoso sobre ella.
-Hijo de puta.-Dijo despacito e imitó a la vieja que lo precedía en la fila, pero solo tocó el borde del cajón y se persignó.-Ojalá que la pagués en el cielo.
:D
18/3/12
Piolín
-Donde pingo era.-Pensó y se paró para ver a su alrededor.-Al fondo.-Se respondió lo mas lógico, a la morgue había que esconderla, nada mejor que el fondo.-Como al hijo opa.
Volvió a perderse por pasillos y a cruzarse con enfermeras gordas y pacientes que parecían uno con las paredes y las baldosas.
-Ahí está.
Dijo cuando vio la puerta doble y con ventanitas redondas.
-Permiso.-Dijo al vacío de la habitación.- ¿Encarnación?-Su voz grave rebotó por los azulejos.
-Ya salgo John.-Gritó y junto se escuchó la descarga de un inodoro.
Juan no pudo evitar ponerse colorado.
-Disculpá mi amor, es el Activia.-Y cantó y bailó.-El pareo, revolea, con Activia, revolea, panza al aire…
-Uh, estás mal de la cabeza en serio vos…
-Ponele un poco de onda gordito, no entiendo como podés ser tan aburrido.-Se cubrió la panza con la remera y se acomodó los anteojos sobre la naricita tan acorde a su poco mas de metro y medio.
-Así me quieren las chicas.
-Eso es una de las cosas que nunca voy a entender.-Dijo en voz baja, como para ella.-En fin…
-¿Qué tal Piolín?
-¿Piolín?-Arrugó la boca y se acomodó uno de sus rulos rojizos.-¡Ah! El muertito de ayer. Si.
-Exacto.-Dijo Juan y metió las manos en los bolsillos esperando que la médica termine de revolver su escritorio.-¿Qué ha salido?
-Lo he abierto anoche. No podía dormir y me he venido en la bici y ¡sas!-Tiró un chuzazo al aire.-Acá está.-Abrió la carpeta Espiral, amarilla y nueva.-Si, a ver, para ponértelo en términos que un simple abogado pueda entender.-Aclaró la voz.- Lo han cagado de un corchazo en la nuca, con un .22, de lejos. De ahí lo han movido y hecho todo el acting.
-¿Qué?
-¡Claro chango! Venga vea.
Encarnación abrió la puerta que daba al quirófano y ahí estaba Piolín, que ya era un cuerpo tan pálido que parecía verde, en la camilla de azulejos, culo para arriba.
-Le he encontrado de pedo, quería acomodarle un poco las mechas asquerosas esas y ahí ¡ploc!-Se puso en punta de pie e hizo chistar la lengua.-El hoyito.
-La concha de la lora.
-Yo he dicho lo mismo, re desilucionante che.-Se pegó un chirlo en los muslos.
-Es mas lógico así.-Dijo Juan sin sacarle de encima los ojos al cuerpo.
-Superlógico.
-No sabía que eras ricotera.
-¡De alma papi!-Se dio vuelta, volvió a subirse la remerita amarillo patito y le mostró la PR y la corona tatuadas arriba de la cola.
-Con razón, había algo de vos que hacia que me caigas bien.-Dijo sin disimular la mirada el abogado.
-¿No me digás que te gustan los Redondos?
-Si, no enfermo, pero me gustan muchísimo.
-¡Joya!-Y puso su mano para chocar los cinco, a Peña no le quedó otra que chocarlos.-Bueno, está para que lo retiren.
-Che Encarna, ¿Tenia alguna lesión de arrastre?
-Ah, como amo esos términos.-Suspiró.-Nada de marcas, el tiro y la herida de cuchillo post mortem.
vvvvolerrrrrrrr adolfo
Volvió a perderse por pasillos y a cruzarse con enfermeras gordas y pacientes que parecían uno con las paredes y las baldosas.
-Ahí está.
Dijo cuando vio la puerta doble y con ventanitas redondas.
-Permiso.-Dijo al vacío de la habitación.- ¿Encarnación?-Su voz grave rebotó por los azulejos.
-Ya salgo John.-Gritó y junto se escuchó la descarga de un inodoro.
Juan no pudo evitar ponerse colorado.
-Disculpá mi amor, es el Activia.-Y cantó y bailó.-El pareo, revolea, con Activia, revolea, panza al aire…
-Uh, estás mal de la cabeza en serio vos…
-Ponele un poco de onda gordito, no entiendo como podés ser tan aburrido.-Se cubrió la panza con la remera y se acomodó los anteojos sobre la naricita tan acorde a su poco mas de metro y medio.
-Así me quieren las chicas.
-Eso es una de las cosas que nunca voy a entender.-Dijo en voz baja, como para ella.-En fin…
-¿Qué tal Piolín?
-¿Piolín?-Arrugó la boca y se acomodó uno de sus rulos rojizos.-¡Ah! El muertito de ayer. Si.
-Exacto.-Dijo Juan y metió las manos en los bolsillos esperando que la médica termine de revolver su escritorio.-¿Qué ha salido?
-Lo he abierto anoche. No podía dormir y me he venido en la bici y ¡sas!-Tiró un chuzazo al aire.-Acá está.-Abrió la carpeta Espiral, amarilla y nueva.-Si, a ver, para ponértelo en términos que un simple abogado pueda entender.-Aclaró la voz.- Lo han cagado de un corchazo en la nuca, con un .22, de lejos. De ahí lo han movido y hecho todo el acting.
-¿Qué?
-¡Claro chango! Venga vea.
Encarnación abrió la puerta que daba al quirófano y ahí estaba Piolín, que ya era un cuerpo tan pálido que parecía verde, en la camilla de azulejos, culo para arriba.
-Le he encontrado de pedo, quería acomodarle un poco las mechas asquerosas esas y ahí ¡ploc!-Se puso en punta de pie e hizo chistar la lengua.-El hoyito.
-La concha de la lora.
-Yo he dicho lo mismo, re desilucionante che.-Se pegó un chirlo en los muslos.
-Es mas lógico así.-Dijo Juan sin sacarle de encima los ojos al cuerpo.
-Superlógico.
-No sabía que eras ricotera.
-¡De alma papi!-Se dio vuelta, volvió a subirse la remerita amarillo patito y le mostró la PR y la corona tatuadas arriba de la cola.
-Con razón, había algo de vos que hacia que me caigas bien.-Dijo sin disimular la mirada el abogado.
-¿No me digás que te gustan los Redondos?
-Si, no enfermo, pero me gustan muchísimo.
-¡Joya!-Y puso su mano para chocar los cinco, a Peña no le quedó otra que chocarlos.-Bueno, está para que lo retiren.
-Che Encarna, ¿Tenia alguna lesión de arrastre?
-Ah, como amo esos términos.-Suspiró.-Nada de marcas, el tiro y la herida de cuchillo post mortem.
vvvvolerrrrrrrr adolfo
20/1/12
Virgen
El pavimento termina en la entrada del viejo aserradero, un monumento centenario a la explotación maderera que básicamente dio origen al pueblo. Con el pavimento comienza también el precipicio, el río Marapa en esta parte conocida como el 25, corre entre los cerros. El camino de ripio estaba lleno de piedras, algunas rebotaron contra el chasis. Cuando pasaron por la virgencita se persignaron.
-Que salgamos vivos.-Dijo Juan.
-Que lo encontremos a Horacito, la concha de dios.-Dijo Pablo.
-Que esta noche me coja a la pendeja.-Remató Ger y los tres rieron otra vez.
Ya estaban en Batiruana, las casas abandonadas metían un poco de miedo, solo se escuchaban algunos pájaros y el río. El camino mas arriba se hacia con un precipicio bastante importante. Juan rogaba no cruzarse con ningún auto de frente, siempre fue un cagón para manejar. La subida era de menos de veinte kilómetros, pero con curvas cerradas y el puto precipicio.
-Me empinga manejar, quiero ver las montañas.-Se quejó Peña.
-No seas maricón Gordo, el paisajito.
-Puto.-Agregó Pablo.
-Que salgamos vivos.-Dijo Juan.
-Que lo encontremos a Horacito, la concha de dios.-Dijo Pablo.
-Que esta noche me coja a la pendeja.-Remató Ger y los tres rieron otra vez.
Ya estaban en Batiruana, las casas abandonadas metían un poco de miedo, solo se escuchaban algunos pájaros y el río. El camino mas arriba se hacia con un precipicio bastante importante. Juan rogaba no cruzarse con ningún auto de frente, siempre fue un cagón para manejar. La subida era de menos de veinte kilómetros, pero con curvas cerradas y el puto precipicio.
-Me empinga manejar, quiero ver las montañas.-Se quejó Peña.
-No seas maricón Gordo, el paisajito.
-Puto.-Agregó Pablo.
30/12/11
Minutos
Recién cortó cuando llegó a la Morgue Judicial. Estaba todo vació, un floresente parpadeaba y los demás zumbaban junto a una canción.
Y dan las 6 con 50.
Quién te dijo que yo
era el sueño que soñaste una vez.
Quién dijo que tu
voltearías mi futuro al revés.
Ya son las 7:16,
-¿Viene por el fiambre que ha llegado recién?-Le preguntó el morguero, un viejo morocho sentado en una silla de plástico, que cabeceaba de sueño y parecía no importarle el ruidaje de la música.
-Si amigo, quiero entregarlo rápido, para ir a verla a la señora.-Sonrió y le estrechó la mano.
-Anda con suerte.-Le dijo mientras revolia unos papeles que levantó de debajo de su silla.-La doctora ya lo ha comenzado a abrir.-Se paró y le indicó con el dedo una puerta con un cartelito arriba que decia Quirófano.-Pase.
El quirófano de la morgue estaba iluminado por un par de floresentes, era una habitación chica, no más de tres por tres, recubierta con azulejos celestes en la parte de abajo y de humedad en la parte de arriba. De yapa, Arjona a todo volumen y una fina voz femenina cantaba.
-El ministerio del tiempo, puso sede en mi almohada, ahí te encuentro a momentos
¡aunque no sirve de nada!
-Disculpe…-Dijo Peña cuando entró.
-¡Me has asustado!-Dijo volviéndose la medica, con su cara cubierta por un barbijo verde, del mismo color que su mono.
-Soy de la fiscalia.
-¿Cómo está?-Giró la cabeza volviendo a enfocar la mirada en la mesada, de azulejos también, donde estaba tendido el cuerpo abierto de Ginno.
-Bien, quería saber si ha encontrado algo raro.-Peña ni se acercó.
-No hay contusiones, golpes, hematomas, heridas...-Enumeró concentrada en los movimientos de sus manos.-Ahora estoy viendo los órganos internos.
-¿Catalogo como suicidio nomás?-La apuró Peña.
-Esta asfixiado, por lo menos, nada mecánico, no, venga vea…-Lo invitó.
-No, no gracias, tengo que comer asado el domingo.
-Que cagones que son los hombres.-Dijo riéndose.-Lo coso y está para despacharlo. Minutos.-Cantó.
-Esta es peor que Urtubei.-Pensó en su amigo forense de San Miguel.-Perfecto doctora…
-Núñez, Encarnación.-Contestó en tono amable la petiza de pelo enrulado y anteojos con marco negro, que apenas giró la cabeza para contestar. No debía pasar los cuarenta y tenia una pinta de loca increíble.
-Hablo con los parientes para que lo busquen.
Salió del quirófano algo confundido por la escena, pero inmediatamente volvió.
-Doctora, ¿tenia algunas cosas?
-¿Quien?-La pregunta la tomó desprevenida, aparentemente Encarnación tenia déficit de atención.-Ah, él.-Rió.- Claro, no, ha venido así nomás, bóxer y remera. Ahí están.-Indicó con la mirada los retazos de tela cortajeados, e inmediatamente le dio la espalda y siguió con su labor y su canción.-Minutos como lluvia de sal, minutos como fuego en la piel.
Chau año :D me cagaste a palos wiii jajja
adolfooo
Y dan las 6 con 50.
Quién te dijo que yo
era el sueño que soñaste una vez.
Quién dijo que tu
voltearías mi futuro al revés.
Ya son las 7:16,
-¿Viene por el fiambre que ha llegado recién?-Le preguntó el morguero, un viejo morocho sentado en una silla de plástico, que cabeceaba de sueño y parecía no importarle el ruidaje de la música.
-Si amigo, quiero entregarlo rápido, para ir a verla a la señora.-Sonrió y le estrechó la mano.
-Anda con suerte.-Le dijo mientras revolia unos papeles que levantó de debajo de su silla.-La doctora ya lo ha comenzado a abrir.-Se paró y le indicó con el dedo una puerta con un cartelito arriba que decia Quirófano.-Pase.
El quirófano de la morgue estaba iluminado por un par de floresentes, era una habitación chica, no más de tres por tres, recubierta con azulejos celestes en la parte de abajo y de humedad en la parte de arriba. De yapa, Arjona a todo volumen y una fina voz femenina cantaba.
-El ministerio del tiempo, puso sede en mi almohada, ahí te encuentro a momentos
¡aunque no sirve de nada!
-Disculpe…-Dijo Peña cuando entró.
-¡Me has asustado!-Dijo volviéndose la medica, con su cara cubierta por un barbijo verde, del mismo color que su mono.
-Soy de la fiscalia.
-¿Cómo está?-Giró la cabeza volviendo a enfocar la mirada en la mesada, de azulejos también, donde estaba tendido el cuerpo abierto de Ginno.
-Bien, quería saber si ha encontrado algo raro.-Peña ni se acercó.
-No hay contusiones, golpes, hematomas, heridas...-Enumeró concentrada en los movimientos de sus manos.-Ahora estoy viendo los órganos internos.
-¿Catalogo como suicidio nomás?-La apuró Peña.
-Esta asfixiado, por lo menos, nada mecánico, no, venga vea…-Lo invitó.
-No, no gracias, tengo que comer asado el domingo.
-Que cagones que son los hombres.-Dijo riéndose.-Lo coso y está para despacharlo. Minutos.-Cantó.
-Esta es peor que Urtubei.-Pensó en su amigo forense de San Miguel.-Perfecto doctora…
-Núñez, Encarnación.-Contestó en tono amable la petiza de pelo enrulado y anteojos con marco negro, que apenas giró la cabeza para contestar. No debía pasar los cuarenta y tenia una pinta de loca increíble.
-Hablo con los parientes para que lo busquen.
Salió del quirófano algo confundido por la escena, pero inmediatamente volvió.
-Doctora, ¿tenia algunas cosas?
-¿Quien?-La pregunta la tomó desprevenida, aparentemente Encarnación tenia déficit de atención.-Ah, él.-Rió.- Claro, no, ha venido así nomás, bóxer y remera. Ahí están.-Indicó con la mirada los retazos de tela cortajeados, e inmediatamente le dio la espalda y siguió con su labor y su canción.-Minutos como lluvia de sal, minutos como fuego en la piel.
Chau año :D me cagaste a palos wiii jajja
adolfooo
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