1/5/13

Prendidos


-Comencemos.-Suspiró cuando abrió el bolso de la notebook y sacó un cuaderno, lapiceras y resaltadotes. Cuando sacó de la bolsa del Super Vea la carpeta celeste se quedó pálido: “Díaz Rey, Felipe Tomás S/ Presunto Homicidio.” Rezaba el titulo escrito con felpon rojo.
-La puta madre.
Hojeó la primera parte de las hojas amarillentas y tipeadas a maquina de escribir y lo primero que reconoció es que la causa había sido abierta a instancia de la Defensoría de Pobres y Ausentes, ya que primero estaba el formulario donde se acreditaba personería y de paso se pedía la intervención de la Defensoría de Menores.
Pasó un par de escritos más. Buscaba donde comenzaba la actuación de la fiscalía, en ese entonces dirigida por el antecesor de Gómez. Cuando lo encontró salteó con la vista los tres primeros incisos del escrito y se concentró en los Hechos.
            {…} 4-Hechos.
La madrugada del día sábado 15 de marzo del año 1999, el imputado, Díaz Rey, y todas las condiciones obrantes en  autos, se apersonó en el Caps de la comuna de Alto Verde, llevando consigo a la victima, Sala, Johana del Valle (condiciones constantes en autos). En el momento que la enfermera responsable de la unidad sanitaria los atendió, Pérez, Genoveva, declaró ante mi que la menor entró sin signos vitales, respondiendo a mis preguntas aclaró que ya estaba sin pulso ni respuesta a estímulos sensibles. {…}
-¡Uh papá, que mocazo!-Dijo en voz alta y de la ansiedad dio una vuelta a la mesa. Volvió a leer el expediente de parado.
{…} el doctor Díaz Rey estaba preocupado, pero no mencionó nunca en que circunstancias habíase hallado con la victima, solo procedió a hacerle el proceso de resurrección y terminar constatando que había fallecido a horas 4 y 45. {…}
{…}Cuando la enfermera lo inquirió de lo sucedido, solo respondió que el no había hecho nada y que lo ayudase a lavarla, ahí constató una gran hemorragia en la zona inguinal del occiso. {…}
Tenia mas que claro lo que había pasado ese día, pero a Peña no le importaba el hecho, si no el porque lo habían tapado. Continuó pasando páginas y se percató que el expediente terminaba en un escrito donde tanto la querella, a cargo de la Defensoría, como la Fiscalía solicitaban la autopsia al cuerpo de Johana. Tenía el sello de ingreso a la Mesa de Entradas, pero ahí terminaba todo.
-Debe faltar un cuerpo.
Pensó Juan, pero el expediente estaba ya cosido y no completaba ni ahí las fojas necesarias para la formación de otra carpeta. Igual volvió a la carátula, pero no constaba el número de cuerpos.
-Es el único.
Igual lo llamó por teléfono a Roberto, pero el empleado le dijo que era lo que había y nada más.
-¿Cuándo ha entrado Pepe a la fiscalía?
-Cómo Fiscal en el dos mil o dos mil uno.-Contestó con voz adormilada Jorge Luis.-Pero estaba de adjunto hacia años.
-¿Quién era el otro fiscal?
-Molina Pietro.
-Ese tenía más años que la injusticia.
-Estaba gagá ya, Gómez manejaba la fiscalía como se le cantaba el pingo.
Después de despedirse, se paró a buscar un vaso de Coca y la vio a Sole que seguía asándose en el sol de la tarde. Volvió a la mesa y fue directamente al último escrito, fechado en noviembre de 2002. Se paró en seco cuando leyó el nombre del defensor oficial que la Defensoría le reasignó a la querella.
-Rossi, Marcela Juliana.-Dijo en voz baja y se puso alerta.-La putisima madre, con razón andaba tan loca la cajetuda esta.

10/3/13

22/1/13

También era un pecado


El doctor Posincobich era un croata que llegó al país con sus padres al final de la Primera Guerra. El Loco, como le decían en Alberdi, se había acriollado al igual que todos los hijos de inmigrantes del pueblo, y también disfrutó de la fortuna que su padre hizo gracias al comercio, a la caña y a la madera. Fue uno de los pocos de su grupo que se había recibido, aunque nadie le daba un peso partido al medio, todos lo veían como un gringo que hablaba a los gritos y daba vueltas a la plaza San Martín como loco en su bicicleta de carrera.
Ni bien volvió al pueblo, don Posincobich, orgulloso de su hijo, le instaló un consultorio, donde atendía a sus pacientes por las tardes, ya que a las mañanas trabajaba entre el hospital y la clínica del Ingenio. El Loco era ya un hombre asentado, con una rutina y un buen pasar cuando se voló los sesos con un pistolón del 14.
Nunca se supo porque o cuando hizo el primer aborto, seguramente fue a la hija de algún amigo que había quedado preñada antes de casarse por la iglesia, y le dio una buena cantidad de guita (algunos estiman que una finca) por el favor, y la bola se fue corriendo y la guita fue llegando sin que se diera cuenta realmente o quisiera recibirla. Otros dicen que simplemente El Loco Posincobich vio la veta en el mercado y se hizo abortero.
El tiro dicen que fue por una nena que le vino con un embarazo de varias semanas y que la pequeña madre no resistió la operación. Su enfermera, fiel tanto en tiempo como en andanzas, dijo que el doctor se mató porque tenía cáncer y deudas de póker, que nunca en su vida hizo un aborto, que eso también era un pecado para los judíos.

2/1/13

Don Quinto


El abuelo de Francisco, don Quinto, trabajó en el Ingenio Marapa desde los 15 años hasta que se jubiló a los 60. Siempre en diciembre, cuando terminaban de limpiar los trapiches y demás tachos del ingenio, se llevaba sendos bidones llenos de miel de caña, los cuales fraccionaba en botellas vacías de vino y los repartía entre sus poquísimos amigos y vendía el resto a los almacenes del pueblo. Siempre le dejaba a Hugo una botella verde de tres cuartos llena del líquido negruzco para Juan, que de chico en verano, solía comerla a cucharadas junto a Fran, y en invierno pelaban de mandarinas a los árboles del jardín enorme que el viejo tenia en su casa del barrio Ofempe. Entre el ingenio y las plantas había repartido su juventud, adultez y vejez Quinto. Tenia tantas plantas tan bien cuidadas y raras que decenas de viejas de Alberdi habían intentado conseguir un gajo de jazmín o de estrella federal, pero habían vuelto a sus casas con la indignación que les produjo una mandada a la mierda de un Quinto algo escabiado o dormido, y el ataque de alguno de sus perros, apenas contenido por la tela metálica del portón.
El viejo vivía solo desde que sus dos hijos habíanse casado y formado sus familias, su mujer había muerto cuando la madre y el tío de Fran eran apenas adolescentes. La leyenda cuenta que don Quinto nunca mas estuvo con mujer alguna por amor y respeto a su señora.
Ya más grandes, cuando Juan y sus amigos comenzaron a bolichear, el quincho del abuelo de Francisco era el lugar obligado para las previas y el viejo siempre se sentaba a la punta de la mesa con una botella de aguardiente y se reía con las cagadas que hablaban los changos. Con el pasar de los años a don Quinto solo lo veían en los cumpleaños que le organizaba a Francisco, donde cocinaba un lechón en el horno de barro y un asado a la cruz, y volvía a sentarse en la punta de la mesa, tomando su aguardiente y hablando solo cuando lo hacían contar las anécdotas de cómo se había curado los hemorroides con un hierro caliente o como ahorcaba a sus perros cuando se enfermaban.
-Don Quinto, ojalá que no se muera nunca.

28/12/12

Sábalos


Antes de doblar en el cargadero de los Moreno, vio que en la casa de don Zurita estaba el pizarrón que indicaba que había sábalos. Se tiró a la banquina, dejó la chata y a Willie ahí y cruzó la ruta a pie.
-Ese Doctorcito cómo anda.-Le dijo el viejo flaco y de cuero curtido que estaba sentado a la sombra de la morera, aventándose con una pantalla de totora, mientras escuchaba sin escuchar a los Wuachiturros, que sonaban 24 horas al día en la radio del pueblo.
esta noche los cumbieros
levanten los brazos
los Wuachiturros tiren pasos
esta noche los cumbieros
levanten los brazos
los Wuachiturros tiren pasos
-Mal pero acostumbrado don Zurita, ¿usted que tal?
-Acá andamos tirando nomás, ¿Qué le va a llevar pescado para Salvatierra?
-Chupe el pingo el sordo ese, a los sábalos me los como yo solo.
-Mas vale, el desgraciado ese come como un animal.-Le indicó una silla vacía que estaba a su lado.-Sientesé doctor, cebesé un mate.
Todo el mundo viene cansado, por eso se ofrece una silla y agua o mate, nadie esta nunca tan apurado en el campo como para despreciar descanso y bebida. De ahí se conversa sin prisa, se necesita entrar en confianza, es imperioso ubicar al interlocutor en algún lado, ya sea físico o con alguna persona. En el rodeo de preguntas y respuestas, se termina teniendo algo en común: siempre un pariente que vive donde el otro vive, un viaje que hizo a esos lados, la amistad con algún tío perdido entre los recuerdos, el haber hecho la colimba en el mismo año que el padre… por ultimo, cuando las patas dejaron de doler, la sed ya no está y la persona o el lugar común es descubierto, se cuenta una anécdota de lo que los enlazó, que van desde proezas sexuales y granizadas terribles, hasta historias desgarradoramente tristes.
-Yo me acuerdo del Huguito cuando era chango, una vuelta que era 9 de Julio y había locreada en la escuela de Los Arroyo. Era la época de Bussi, y el General elegía así a dedo a cualquier guitudo para que apadrine la escuela y a esa lo había mandado a don Elías, y el turco le tenía miedo a los milicos, entonces se ponía sin rezongar. La cosa es que había hecho esta locreada, que vieras.-Estiró las E.-Y gratis.-Se palmeó el muslo famélico.
Los dos hombres ya se comenzaron a reír.
-Me lo imagino al Sordo ahí suelto.
-Peñita, le juro, le hemos contado las platadas, ¡ocho se ha comido el infeliz!
El viejo recién se paró de su silla de plástico y encaró al freezer que tenia debajo de un quincho con una pared de adobe, al lado de la casita celeste donde vivía desde hacia decenas de años, volvió al toque con dos pescados envueltos en papel de diario.




28/11/12

Bazinga


Entro a la oficina de Gómez despues de golpear y abrir la puerta. Todavía no eran las once y en el cuarto, además del aire frío, estaban junto a su jefe, Marcela, Roly y un pizarrón blanco con fotos del cuerpo de Díaz Rey y anotaciones en marcador rojo, al mejor estilo película del FBI o Homeland. Los tres giraron su cabeza hacia la puerta, Marcela inmediatamente volvió a mirar su computadora y Roly lo saludó levantando la mano.
-Buen día.-Dijo Juan.-Pepe, era para preguntarte si necesitabas algo, esta todo re tranquilo.
-No, estamos trabajando en lo de Díaz Rey, pero si no hay nada en lo otro podes irte.-El jefe le descubrió las intenciones ni bien saludó.-Cualquier cosa si entra algo te habla Elvio.
-Joya loco.-Pensó, pero se despidió con un resignado “bueno, hasta mañana”.
Ordenó la mochila a las apuradas, puso el expediente que la fiscalia llevaba sobre el robo del auto, la computadora, el mouse, y sacó los anteojos y se los calzó. Sabía que el inodoro, con su tabla cómoda y sus revistas lo esperaban en casa, así que no pensó mucho. Estaba contento, como cuando en la secundaria tocaban el timbre para irse o en la facultad el profesor los mandaba temprano, y salía apurado, como escapándose, escapándose a su cueva, su casa, su departamento, cualquier lado donde podía estar solo, solo con sus cosas. Bajó rápido por las rampas y salió hacia el estacionamiento aplastado por el sol del medio día.
-Peña.-Escuchó que lo llamaban y agudizó la vista. Era el periodista apoyado otra vez en su camioneta.
-A este le dicen cuando salgo, es uno de adentro.-Pensó.- ¿Cómo te va?
Le contestó y desactivó la alarma de la S-10 y se acercó rápido a la puerta.
-Muy bien, sigo jodiendo con el caso del medico.
-Uff.-Suspiró Juan y tiró la mochila en el lugar del acompañante.
-Podés decirme algo, es extra oficial.
-No loco, no puedo hablar.-Se acomodó frente al volante y se estiró para cerrar la puerta, pero el periodista no lo dejó.
-Dale flaco, estoy en bolas y esto es mi laburo, tirame un centro.
Que le dijeran flaco lo hizo enojar, odiaba que le digan gordo o flaco, el gordo porque era gordo y a ningún gordo le gustaba que le diga así un desconocido y el flaco, era como decirte gordo, nada mas que queriendo quedar bien, tratándote de entrar. Se calentó, apretó el volante caliente por el sol y le pegó una mirada al tipo que se ponía entre él y su casa. Morocho, no muy alto, barbita, anteojos de marco ancho, remera negra con un “Bazinga” en blanco, jeans apretaditos y Jhon Foos. Juan tenia un ojo rápido, como buen criticón, seguramente heredado de sus tías que miraban a la gente de pies a cabeza en un segundo y descifraban la edad de los zapatos, marca de reloj, la mugre de las uñas, los parecidos con algún familiar, enfermedades y miles de cosas mas.
El tipo no le cayó bien, era un hipster intelectualoide, alguien que se afanaba de ser un perdedor sin haber perdido nada, con un conocimiento basado en un titulo en Comunicación Social, leer dos libros de Galeano y estar en contra de todo lo que los otros piensan. No tenía los mismos códigos que sus amigos o sus colegas, y esto lo ponía a la defensiva, más cuando le decían flaco por no decirle gordo. Como pocas veces le entraron ganas de bajarse y pegarle un empujón, cagarlo a piñas o mandarlo a la concha de su hermana, pero el rugbier boludo quedó de lado y actuó civilizadamente.
-Dame permiso por favor.-Agarró la manija e hizo chocar la puerta con la espalda del periodista.
-¿Tienen idea quien lo ha matado?-Comenzó a correrse, Juan solo conestó con una sonrisa detrás de los vidrios verdes de sus gafas y al final pudo cerrar la puerta. Cuando bajó por la Gorena vio por el retrovisor al periodista sacando su Black Berry.
-Seguro que me está puteando por Twitter.




faaa hispters intelectualoides!! jajaja 

2/11/12

Concepción


Comenzó a escribir sin muchas ganas el borrador del alegato que iba a presentar en la audiencia preliminar del miércoles sobre el robo del auto. Intuyó que Marcela iba a ocuparse del tema del medico, ya que ella era la que esa mañana había estado escribiéndole al Ministro Fiscal solicitando personal de Delitos Complejos y salido a San Miguel a presentar la solicitud en persona. No lo querían en el asunto y no podía sacarse de la cabeza el par de miradas que se dieron cuando les preguntó por Díaz Rey, menos aun despues de las insinuaciones de Roberto.
-Hijos de puta.
Copió y pegó un par de citas a antecedentes jurisprudenciales en el borrador, marcando entre paréntesis de donde Elvio o Coti iban a sacarlos completos para agregarlos en un apartado. Usó palabras simples, nada de cosas rebuscadas, primero pensó en poner algo que haga quedar en ridículo al abogado de dientes negros, algún comentario sarcástico o algo por el estilo, como “según estudiamos en la facultad, podemos definir al robo como…”, pero no tenia ganas, el juez de instrucción era un tipo simple, que le gustaban las cosas y las minas escuetas, palo y a la bolsa, sin vueltas ni chamullos en redacción catedrática.
En un par de horas lo tuvo completo, dos hojas en Arial 11, a espacio y medio de interlineado y justificado, con la hoja legal y los márgenes configurados en: superior 5 centímetros, inferior 5,5 izquierdo 4,5 y derecho 1,5, según lo estipulado por la circular para la presentación de escritos judiciales de la Corte Suprema. Apretó F7, corrigió los horrores de ortografía y la mandó por mail a la casilla de la fiscalia.
-Gente ahí les he mandado el escrito para la presentación del miércoles.-Dijo asomando la cabeza en el despacho de los empleados.- ¿No ha vuelto nadie?
-Nadie.-Contestó Elvio desde detrás de su monitor.
-¿Qué hacemos?-Preguntó Juan.
-A la una y media volamos.-Le contestó el empleado.
-Joya.-Cerró la puerta, volvió a su silla y abrió el Zuma, cuando Su celular vibró, era Gerardo.
-Che Gordo, ¿andas bien?-Estaba serio.
-Si ura, ¿que pasa?
-Nada cajeta, mi vieja ha leído en internet que te han clavado una piña en la jeta.
-Uh…
-Si trola, ¿es verdad?
-Si…-Dijo suspirando y algo avergonzado.
-Cagate por puto.-El flaco rió.-Si te están por matar avisa así te mandamos a hacer el cajón XXL.
-Chupáme la pija putazo.
No quiso entrar en internet para leer la nota otra vez, sabia que no tenia que meterse en el mambo que un periodista podía armar, mas en un caso donde un amigo, o conocido, de su jefe era la victima.
-Va a querer tapar todo, me juego un huevo que era puto y lo ha matado el novio.
Miró el reloj, era la casi la una, sacó la pausa y volvió al juego.