10/3/13
22/1/13
También era un pecado
El doctor Posincobich era un croata
que llegó al país con sus padres al final de la Primera Guerra. El
Loco, como le decían en Alberdi, se había acriollado al igual que todos los
hijos de inmigrantes del pueblo, y también disfrutó de la fortuna que su padre
hizo gracias al comercio, a la caña y a la madera. Fue uno de los pocos de su
grupo que se había recibido, aunque nadie le daba un peso partido al medio,
todos lo veían como un gringo que hablaba a los gritos y daba vueltas a la
plaza San Martín como loco en su bicicleta de carrera.
Ni bien volvió al pueblo, don Posincobich,
orgulloso de su hijo, le instaló un consultorio, donde atendía a sus pacientes
por las tardes, ya que a las mañanas trabajaba entre el hospital y la clínica
del Ingenio. El Loco era ya un hombre asentado, con una rutina y un buen pasar
cuando se voló los sesos con un pistolón del 14.
Nunca se supo porque o cuando hizo
el primer aborto, seguramente fue a la hija de algún amigo que había quedado
preñada antes de casarse por la iglesia, y le dio una buena cantidad de guita
(algunos estiman que una finca) por el favor, y la bola se fue corriendo y la
guita fue llegando sin que se diera cuenta realmente o quisiera recibirla.
Otros dicen que simplemente El Loco Posincobich vio la veta en el mercado y se
hizo abortero.
El tiro dicen que fue por una nena
que le vino con un embarazo de varias semanas y que la pequeña madre no
resistió la operación. Su enfermera, fiel tanto en tiempo como en andanzas,
dijo que el doctor se mató porque tenía cáncer y deudas de póker, que nunca en
su vida hizo un aborto, que eso también era un pecado para los judíos.
2/1/13
Don Quinto
El abuelo de Francisco, don Quinto,
trabajó en el Ingenio Marapa desde los 15 años hasta que se jubiló a los 60.
Siempre en diciembre, cuando terminaban de limpiar los trapiches y demás tachos
del ingenio, se llevaba sendos bidones llenos de miel de caña, los cuales
fraccionaba en botellas vacías de vino y los repartía entre sus poquísimos
amigos y vendía el resto a los almacenes del pueblo. Siempre le dejaba a Hugo una
botella verde de tres cuartos llena del líquido negruzco para Juan, que de
chico en verano, solía comerla a cucharadas junto a Fran, y en invierno pelaban de mandarinas a los árboles del jardín enorme que el viejo tenia en su casa
del barrio Ofempe. Entre el ingenio y las plantas había repartido su juventud,
adultez y vejez Quinto. Tenia tantas plantas tan bien cuidadas y raras que
decenas de viejas de Alberdi habían intentado conseguir un gajo de jazmín o de
estrella federal, pero habían vuelto a sus casas con la indignación que les
produjo una mandada a la mierda de un Quinto algo escabiado o dormido, y el
ataque de alguno de sus perros, apenas contenido por la tela metálica del
portón.
El viejo vivía solo desde que sus dos
hijos habíanse casado y formado sus familias, su mujer había muerto cuando
la madre y el tío de Fran eran apenas adolescentes. La leyenda cuenta que
don Quinto nunca mas estuvo con mujer alguna por amor y respeto a su señora.
Ya más grandes, cuando Juan y sus amigos
comenzaron a bolichear, el quincho del abuelo de Francisco era el lugar
obligado para las previas y el viejo siempre se sentaba a la punta de la mesa
con una botella de aguardiente y se reía con las cagadas que hablaban los
changos. Con el pasar de los años a don Quinto solo lo veían en los cumpleaños
que le organizaba a Francisco, donde cocinaba un lechón en el horno de barro y
un asado a la cruz, y volvía a sentarse en la punta de la mesa, tomando su aguardiente
y hablando solo cuando lo hacían contar las anécdotas de cómo se había curado
los hemorroides con un hierro caliente o como ahorcaba a sus perros cuando se
enfermaban.
-Don Quinto, ojalá que no se muera nunca.
28/12/12
Sábalos
Antes de doblar en el cargadero de los
Moreno, vio que en la casa de don Zurita estaba el pizarrón que indicaba que
había sábalos. Se tiró a la banquina, dejó la chata y a Willie ahí y cruzó la
ruta a pie.
-Ese Doctorcito cómo anda.-Le dijo el
viejo flaco y de cuero curtido que estaba sentado a la sombra de la morera, aventándose con una pantalla de totora, mientras escuchaba sin escuchar a los
Wuachiturros, que sonaban 24 horas al día en la radio del pueblo.
esta noche los cumbieros
levanten los brazos
los Wuachiturros tiren pasos
esta noche los cumbieros
levanten los brazos
los Wuachiturros tiren pasos
levanten los brazos
los Wuachiturros tiren pasos
esta noche los cumbieros
levanten los brazos
los Wuachiturros tiren pasos
-Mal pero acostumbrado don Zurita, ¿usted
que tal?
-Acá andamos tirando nomás, ¿Qué le va a
llevar pescado para Salvatierra?
-Chupe el pingo el sordo ese, a los
sábalos me los como yo solo.
-Mas vale, el desgraciado ese come como un
animal.-Le indicó una silla vacía que estaba a su lado.-Sientesé doctor, cebesé
un mate.
Todo el mundo viene cansado, por eso se
ofrece una silla y agua o mate, nadie esta nunca tan apurado en el campo como
para despreciar descanso y bebida. De ahí se conversa sin prisa, se necesita
entrar en confianza, es imperioso ubicar al interlocutor en algún lado, ya sea
físico o con alguna persona. En el rodeo de preguntas y respuestas, se termina
teniendo algo en común: siempre un pariente que vive donde el otro vive, un
viaje que hizo a esos lados, la amistad con algún tío perdido entre los
recuerdos, el haber hecho la colimba en el mismo año que el padre… por ultimo,
cuando las patas dejaron de doler, la sed ya no está y la persona o el lugar
común es descubierto, se cuenta una anécdota de lo que los enlazó, que van
desde proezas sexuales y granizadas terribles, hasta historias
desgarradoramente tristes.
-Yo me acuerdo del Huguito cuando era
chango, una vuelta que era 9 de Julio y había locreada en la escuela de Los
Arroyo. Era la época de Bussi, y el General elegía así a dedo a cualquier guitudo
para que apadrine la escuela y a esa lo había mandado a don Elías, y el turco
le tenía miedo a los milicos, entonces se ponía sin rezongar. La cosa es que
había hecho esta locreada, que vieras.-Estiró las E.-Y gratis.-Se palmeó el
muslo famélico.
Los dos hombres ya se comenzaron a reír.
-Me lo imagino al Sordo ahí suelto.
-Peñita, le juro, le hemos contado las
platadas, ¡ocho se ha comido el infeliz!
El viejo recién se paró de su silla de
plástico y encaró al freezer que tenia debajo de un quincho con una pared de
adobe, al lado de la casita celeste donde vivía desde hacia decenas de años,
volvió al toque con dos pescados envueltos en papel de diario.
28/11/12
Bazinga
Entro a la
oficina de Gómez despues de golpear y abrir la puerta. Todavía no eran las once
y en el cuarto, además del aire frío, estaban junto a su jefe, Marcela, Roly y
un pizarrón blanco con fotos del cuerpo de Díaz Rey y anotaciones en marcador
rojo, al mejor estilo película del FBI o Homeland. Los tres giraron su cabeza
hacia la puerta, Marcela inmediatamente volvió a mirar su computadora y Roly lo
saludó levantando la mano.
-Buen día.-Dijo
Juan.-Pepe, era para preguntarte si necesitabas algo, esta todo re tranquilo.
-No, estamos
trabajando en lo de Díaz Rey, pero si no hay nada en lo otro podes irte.-El
jefe le descubrió las intenciones ni bien saludó.-Cualquier cosa si entra algo
te habla Elvio.
-Joya
loco.-Pensó, pero se despidió con un resignado “bueno, hasta mañana”.
Ordenó la
mochila a las apuradas, puso el expediente que la fiscalia llevaba sobre el
robo del auto, la computadora, el mouse, y sacó los anteojos y se los calzó. Sabía
que el inodoro, con su tabla cómoda y sus revistas lo esperaban en casa, así
que no pensó mucho. Estaba contento, como cuando en la secundaria tocaban el
timbre para irse o en la facultad el profesor los mandaba temprano, y salía
apurado, como escapándose, escapándose a su cueva, su casa, su departamento,
cualquier lado donde podía estar solo, solo con sus cosas. Bajó rápido por las
rampas y salió hacia el estacionamiento aplastado por el sol del medio día.
-Peña.-Escuchó
que lo llamaban y agudizó la vista. Era el periodista apoyado otra vez en su
camioneta.
-A este le dicen
cuando salgo, es uno de adentro.-Pensó.- ¿Cómo te va?
Le contestó y
desactivó la alarma de la S-10 y se acercó rápido a la puerta.
-Muy bien, sigo
jodiendo con el caso del medico.
-Uff.-Suspiró
Juan y tiró la mochila en el lugar del acompañante.
-Podés decirme
algo, es extra oficial.
-No loco, no
puedo hablar.-Se acomodó frente al volante y se estiró para cerrar la puerta,
pero el periodista no lo dejó.
-Dale flaco,
estoy en bolas y esto es mi laburo, tirame un centro.
Que le dijeran
flaco lo hizo enojar, odiaba que le digan gordo o flaco, el gordo porque era
gordo y a ningún gordo le gustaba que le diga así un desconocido y el flaco,
era como decirte gordo, nada mas que queriendo quedar bien, tratándote de
entrar. Se calentó, apretó el volante caliente por el sol y le pegó una mirada
al tipo que se ponía entre él y su casa. Morocho, no muy alto, barbita,
anteojos de marco ancho, remera negra con un “Bazinga” en blanco, jeans
apretaditos y Jhon Foos. Juan tenia un ojo rápido, como buen criticón,
seguramente heredado de sus tías que miraban a la gente de pies a cabeza en un
segundo y descifraban la edad de los zapatos, marca de reloj, la mugre de las
uñas, los parecidos con algún familiar, enfermedades y miles de cosas mas.
El tipo no le
cayó bien, era un hipster intelectualoide, alguien que se afanaba de ser un
perdedor sin haber perdido nada, con un conocimiento basado en un titulo en
Comunicación Social, leer dos libros de Galeano y estar en contra de todo lo
que los otros piensan. No tenía los mismos códigos que sus amigos o sus colegas,
y esto lo ponía a la defensiva, más cuando le decían flaco por no decirle
gordo. Como pocas veces le entraron ganas de bajarse y pegarle un empujón,
cagarlo a piñas o mandarlo a la concha de su hermana, pero el rugbier boludo
quedó de lado y actuó civilizadamente.
-Dame permiso
por favor.-Agarró la manija e hizo chocar la puerta con la espalda del
periodista.
-¿Tienen idea
quien lo ha matado?-Comenzó a correrse, Juan solo conestó con una sonrisa detrás
de los vidrios verdes de sus gafas y al final pudo cerrar la puerta. Cuando bajó
por la Gorena vio por el retrovisor al periodista sacando su Black Berry.
-Seguro que me
está puteando por Twitter.
faaa hispters intelectualoides!! jajaja
2/11/12
Concepción
Comenzó a
escribir sin muchas ganas el borrador del alegato que iba a presentar en la
audiencia preliminar del miércoles sobre el robo del auto. Intuyó que Marcela
iba a ocuparse del tema del medico, ya que ella era la que esa mañana había
estado escribiéndole al Ministro Fiscal solicitando personal de Delitos
Complejos y salido a San Miguel a presentar la solicitud en persona. No lo querían
en el asunto y no podía sacarse de la cabeza el par de miradas que se dieron
cuando les preguntó por Díaz Rey, menos aun despues de las insinuaciones de
Roberto.
-Hijos de puta.
Copió y pegó un
par de citas a antecedentes jurisprudenciales en el borrador, marcando entre paréntesis
de donde Elvio o Coti iban a sacarlos completos para agregarlos en un apartado.
Usó palabras simples, nada de cosas rebuscadas, primero pensó en poner algo que
haga quedar en ridículo al abogado de dientes negros, algún comentario sarcástico
o algo por el estilo, como “según estudiamos en la facultad, podemos definir al
robo como…”, pero no tenia ganas, el juez de instrucción era un tipo simple,
que le gustaban las cosas y las minas escuetas, palo y a la bolsa, sin vueltas
ni chamullos en redacción catedrática.
En un par de
horas lo tuvo completo, dos hojas en Arial 11, a espacio y medio de
interlineado y justificado, con la hoja legal y los márgenes configurados en: superior
5 centímetros ,
inferior 5,5 izquierdo 4,5 y derecho 1,5, según lo estipulado por la circular para
la presentación de escritos judiciales de la Corte Suprema. Apretó F7, corrigió
los horrores de ortografía y la mandó por mail a la casilla de la fiscalia.
-Gente ahí les
he mandado el escrito para la presentación del miércoles.-Dijo asomando la
cabeza en el despacho de los empleados.- ¿No ha vuelto nadie?
-Nadie.-Contestó
Elvio desde detrás de su monitor.
-¿Qué hacemos?-Preguntó
Juan.
-A la una y
media volamos.-Le contestó el empleado.
-Joya.-Cerró la
puerta, volvió a su silla y abrió el Zuma, cuando Su celular vibró, era
Gerardo.
-Che Gordo,
¿andas bien?-Estaba serio.
-Si ura, ¿que
pasa?
-Nada cajeta, mi
vieja ha leído en internet que te han clavado una piña en la jeta.
-Uh…
-Si trola, ¿es
verdad?
-Si…-Dijo
suspirando y algo avergonzado.
-Cagate por
puto.-El flaco rió.-Si te están por matar avisa así te mandamos a hacer el
cajón XXL.
-Chupáme la pija
putazo.
No quiso entrar
en internet para leer la nota otra vez, sabia que no tenia que meterse en el
mambo que un periodista podía armar, mas en un caso donde un amigo, o conocido,
de su jefe era la victima.
-Va a querer tapar
todo, me juego un huevo que era puto y lo ha matado el novio.
Miró el reloj,
era la casi la una, sacó la pausa y volvió al juego.
19/10/12
Añoranzas.
Alberdi estaba
demasiado lleno y la noche era muy joven. Pararon en la vinoteca de la calle
Além y compraron dos Ballentines. Pagaron uno cada uno y hablaron un rato con
el dueño del lugar, que se escondía entre la oscuridad y las persianas cerradas.
-Los vagos
llevan vasos y hielo.-Confirmó el Ruso cuando leyó el SMS que le había
entrado.-Pablo y Fran están yendo, Gerardo está ahí.
El club a la
noche estaba desierto, años sin pagar la luz hacían de La Querencia un perfecto
terreno para encuentros nocturnos.
Juan estacionó a
un costado de la cancha, justo en frente de sus amigos que, parados y del pico,
compartían una Quilmes.
-¡Ahí llega lo
bueno papá!-Dijo Ger agarrando las dos cajitas azules que tenia el Ruso en las
manos.
-Gordo, metela
de orto así nos sentamos en la compuerta.-Ordenó Fran, el que abarajó en el
aire el bulto de llaves que volaba hacia él.
-Dala vuelta vos
ura.
Fran sacó arando
la S-10 y de un par de volantazos la acomodó como él quería, aunque se quedó
sin lugar en la repartida de vasos.
-Son unos
culiaditos de mierda loco.
-Calláte putito,
tomáte un amarillo.-Dijo Pablo acercándole su vaso.
-¿Le has sacado
toda la cristalería de la Rosi no?-Dijo Juan mirando el vaso de cristal tallado
que le pasaba el Ruso.
-Ella me ha
dicho que traiga estos cuatro.-Refunfuñó Gerardo mirando el vaso de cristal
labrado.
-Poné música,
cajetudo.-Se quejó alguno.
-Está para que
conectés el Bluetooth.
Como en un duelo
del lejano oeste, todos sacaron rápidamente de sus bolsillos los celulares y
para ver quien conectaba primero. Ganó Pablo.
-¡Si papá!
Comenzó a sonar
el violín de Violín del Monte, en la versión de La Juntada.
Violinista de los montes
músico del campo nuestro
se te está yendo la vida
entre zambas y recuerdos
El arco deshilachado
conjuga todo los tiempos
y llora todo los lloros
de la esperanza y el sueño.
músico del campo nuestro
se te está yendo la vida
entre zambas y recuerdos
El arco deshilachado
conjuga todo los tiempos
y llora todo los lloros
de la esperanza y el sueño.
-Ponelo al Flaco cajeta, deja de
joder con eso.
Comenzó a la discusión sobre la
elección de la música, pero esa vuelta solo hizo lío el Ruso, la verdad era que
el whisky venia bien acompañado por folclore bajo la lunita tucumana.
Tu fortuna es de amistad
no sabes lo que es dinero
los sentirse que te animan
están más allá del tiempo.
no sabes lo que es dinero
los sentirse que te animan
están más allá del tiempo.
-¿En agosto no
es cuando se mueren todos?-Dijo bastante colgado Fran, despues de agarrar el
vaso que le estiraba el Ruso.
-Así dicen, che.-Afirmó
Juan.
-Eso es de
viejas del campo, ustedes son unos pelotudos.-Puteó el Ruso.
-Claaa, ¿querés
estadísticas?-Juan levantó la voz como solía hacerlo cuando hablaba entre sus
amigos.- ¿Cuántos conocidos tuyos se han muerto pal’ pingo este mes?
-Dos.-Contestó
Ger.
-Eso no tiene
nada que ver chango.-Levantó la mano mandándolo al carajo.
-Bueno, ¿y en
abril?-Juan lo miró a Ger.
-Ninguno.
-Te ha cagado el
Gordo, Rusito, aceptálo.-Pablo le palmeó la espalda y todos rieron.
-¡Añoranzas
papá!-Gritó Pablo.-Me permite señorita.-Extendió su mano a Fran, quien la tomó
delicadamente y comenzaron a bailar.
Cuando salí de Santiago,
todo el camino lloré.
Lloré sin saber por qué;
pero si les aseguro:
que mi corazón es duro,
pero aquel día aflojé.
todo el camino lloré.
Lloré sin saber por qué;
pero si les aseguro:
que mi corazón es duro,
pero aquel día aflojé.
Juan comenzó a
cantar, su sueño era ser cantor peñero, y ya caliente con el whisky cantaba sin
importarle la desafinada, ni el ridículo consecuente.
Mañana, cuando me muera,
si alguien se acuerda de mi,
llévenme donde nací,
si quieren darme la gloria
y toquen a mi memoria
la doble que canto aquí.
si alguien se acuerda de mi,
llévenme donde nací,
si quieren darme la gloria
y toquen a mi memoria
la doble que canto aquí.
-Segundita.-Gritó
Ger y Fran y Pablo se alejaron, cada uno en su rol.
La primera
botella voló vacía al medio de la cancha, y la segunda iba a seguir el mismo
destino si no aflojaban la mano, pero no habría problema. Juan extrañaba esas
noches ridículas, de amistad adolescente y pura, sin obligación de etiqueta o
protocolo, esas noches que hacían pasar el dolor a fuerza de alcohol, risas y
boludeces.
-Que cagada que
mañana no jugamos.-Dijo con voz entre cortada Pablo.-Le íbamos a romper el
orto.
-Si boludo,
¡gracias Ginno!-Levantó su vaso Ger y todos lo imitaron.
Andá a esnobear a la concha de tu hermana Julio jajajajaj
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